Stephen Glass, demasiado bueno para ser verdad

26 Mar

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058-copia1La película “El precio de la verdad” cuenta una historia, sorprendentemente, real. Stephen Glass es un antiguo periodista de la revista norteamericana The New Republic y anteriormente contribuyó con sus piezas para Harper’s Magazine, Slate y Rolling Stone. Por toda esta trayectoria, Glass era considerado un editor reconocido, y cuanto más, respetado. Durante sus años trabajando para la revista The New Republic era caracterizado por sus artículos tan geniales y contados a través de unas fuentes casi imposibles de conseguir. En algunos artículos, como por ejemplo, el titulado “Spring Breakdown” u otro llamado “Hazardous to Your Mental Health”, el redactor jefe de esta revista ya había tenido que sufrir las denuncias de las organizaciones afectadas por estos artículos acusando a Glass de publicar tergiversaciones y manipulaciones en éstos. Todas estas acusaciones no hacen más que hacer sospechar de este periodista pero, tras unas semanas de tensión y de dejar que Glass se defienda, se quedan en el olvido. 

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stephen-glass1Los momentos difíciles para Glass llegan cuando es publicado su artículo “Hack Heaven“. El reportero de Forbes.com, Adam Pennenberg, comienza a leer este artículo y es sorprendido por la cantidad de fuentes y hechos que allí se contaban, es decir, el artículo era demasiado bonito para ser cierto. En este momento, tanto el reportero como el resto de su equipo comienzan a investigar todas aquellas fuentes y conforme iban investigando, todas y cada una iban cayéndose por su propio peso. Después de esto, Forbes.com se pone en contacto con The New Republic y ponen el grito en el cielo. En este momento, se vive una etapa de comprobaciones por parte del redactor jefe que no daba crédito y aunque Glass intenta, con sus artimañas (una vez más) demostrar que todo era cierto, el escándalo se destapa y no ven más solución que despedirlo.

La investigación de Adam Pennenberg es una muestra de lo que debería ser la investigación a llevar a cabo por parte deadampenenberg los jefes cuando sus editores escriben algún artículo. Estaba claro que la motivación que tenía Pennenberg es que era un entendido de la informática y no podía comprender como se le había pasado un evento como el descrito en el artículo “Hack Heaven” y es a partir de aquí, cuando comienza a sospechar. La tarea de revisar todas y cada una de las fuentes que supuestamente habían llevado a Stephen Glass a escribir ese magnífico artículo fue la que propició el “destripamiento profesional” de este periodista y gracias a ella se pudo demostrar que 21 de los 40 artículos escritor por “el fabulador” eran totalmente inventados. Por tanto, hicieron una labor magistral que, a fin de cuentas, ayudó a demostrar que este periodista había estado mintiendo a sus lectores sin ningún tipo de escrúpulos.

Después de este análisis, tanto de la labor llevada a cabo por Stephen Glass y posteriormente por The New Republic y de Adam Penneberg se pueden extraer varias conclusiones.

Profesionalidad, veracidad, sinceridad. Existen algunos rasgos que deberían de ser comunes para el buen hacer del periodista tales como: objetividad, profesionalidad, veracidad, sinceridad, etc. Como se puede ver, estos rasgos no formaban parte de él ni lo más mínimo. Por ello, no se le puede considerar buen periodista.

Fidelidad a los lectores. Además de estos rasgos, se entiende que un periodista está sirviendo información veraz y fundamentada a sus lectores puesto que vive para ello, así que este periodista está siendo desleal con respecto a los que hacen posible que se pueda llevar el pan a la boca todos los días, los lectores de sus publicaciones.

Comprobación y verificación de la información. Haciendo alusión al aspecto más importante y más incumplido por este periodista, la veracidad, ésta supone que quien dice algo piensa que lo que dice es verdad y, ha llegado a ese convencimiento después de una actividad de comprobación. En palabras del Tribunal Constitucional español: “la veracidad de la información viene, así, a ser entendida como exigente al que la difunda de un deber de buscar la verdad” Con todo lo comentado anteriormente, la verdad se convierte en una exigencia personal, es decir, un compromiso con tus lectores ya que acogen lo que publicas como su fuente de información. Y aunque el día a día de los periodistas sea muy ajetreado y el contenido de las noticias pueda variar en función de la consecución de los acontecimientos, la veracidad depende de nosotros mismos.

¿Realidad o ficción? Es decir, no puedes mezclar literatura y periodismo. El periodismo se basa en hechos contrastables e informaciones de fuentes reales. Y aquí entra al baile la profesionalidad que lleve innato el periodista para conseguir un nombre cueste lo que cueste y llegando a sobrepasar límites infranqueables.

Culpabilidad de TNR.  Ni que decir tiene que la labor de verificación de las fuentes de los editores de The New Republic puede parecer irrisoria, puesto que como ya he comentado anteriormente, tuvieron la oportunidad de descubrir la sarta de mentiras que publicó Stephen Glass en nada más y nada menos que 21 artículos, es decir, más de la mitad de los escritos por él.

Lo más interesante de todo esto, además de este caso que resulta apasionante, es que existen otros diarios influyentes como The Washington Post y The New York Times que también han sido acusados de su falta de rigor, verificación y buen periodismo por casos como los de Janet Cooke y Jason Blair. Por estas razones, estas características que eran innatas en los medios tradicionales, en multitud de casos se han vulnerado y poco a poco han ido alejándose de la definición de medio tradicional. Además, la mentira destapada por Forbes.com, fue el primer caso en el que un medio online dejaba que quedara en entredicho un medio tradicional y salió airoso.

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Redundando en una de la conclusiones que he enumerado anteriormente, parece que al final Stephen Glass acabó dedicándose al derecho, después de sacarse la carrera y además, escribió el libro El Fabulador con un objetivo bastante pretencioso: “Quiero que crean que yo fui un buen periodista, una buena persona. Quiero que amen la historia así podrán amarme a mi”, le dijo a Steve Kroft en una entrevista para el noticiero 60 minutos de la cadena CBS.

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